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domingo, 26 de agosto de 2018

El comienzo...

Y entonces un día cierras la puerta de casa. Sabes que no volveras pronto. La nostalgia te invade y la duda se apodera de ti un momento. Cuestionas si tus decisiones fueron bien tomadas o pertenecen al tiempo correcto. Pero dejas de pensar en ello cuando recuerdas que es tu sueño y que has trabajado bastante para llegar hasta este punto. Asi que dejas ese momento, avanzas y no miras atras.
Pronto te encuentras en camino hacia la terminal y una sonrisa horriblemente gigante se apodera de tu rostro, de tu piel, de toda tu alma. Por fin esta comenzando. Has dado el primer paso, ya nada será igual.

En el camino.

Entre todo el ajetreo y últimos detalles se nos olvidó que en México es temporada vacacional y cuando llegamos a la terminal no había más boletos. Teníamos todo listo y las ganas de partir bien puestas pero no pudimos salir esa noche. Fue entonces que nos dimos cuenta que las anécdotas e historias de viaje están ahí esperándote incluso antes de verte zarpar. Se nos fue el camión.
Al día siguiente nos preparamos y despedimos nuevamente, pero esta vez con boleto en mano. Después de 541 pesos, 17 horas de camino y más de 1000 kilómetros llegamos a Tapachula Chiapas. Bajamos del autobús, sin embargo el sudor no se detuvo, caminábamos hacia el centro en busca de comida y a Mariana le ofrecían explicaciones en inglés, esto que sucede es muy divertido (más para mi), le hablan en inglés, ella responde en español pero le siguen hablando en inglés, la culpa es del color de ojos, la tez de su piel y su pinta de extranjera hasta en su propio país.
Llegamos a un lugar donde hacen quesadillas gigantes, que no  solo apoyan en la palma de la mano si no también en el antebrazo para poder echarlas al comal es impresionante ver su habilidad pues ninguna se les rompe, luego comprendimos porque pasaba esto, resultó que las tortillas que hacen son una mezcla entre harina de trigo y maíz. Una de estas gigantes quesadillas fue suficiente para cada una y más un litro de agua de melón fueron 75 pesos.
Ya con el estómago lleno emprendimos hacia al siguiente transporte. El que nos llevaría a casa de Julián, nuestro amigo de Couchsurfing. Fue muy agradable y divertido conocerlo, platicamos y platicamos hasta que nos dio hambre, para la cena fuimos con una familia salvadoreña y además de quesadillas gigantes vendían unos plátanos machos fritos que acompañaban con queso y frijoles por 10 pesos.
El es Julián.



Cruzar la frontera.

Despertamos temprano y llego el momento de despedirnos de Julián ahí entendimos que un día nunca es suficiente para echar chisme viajero.
Llegamos de nuevo al centro de Tapachula en busca de una casa de cambio pero era muy temprano, cargábamos las maletas mientras desayunábamos unos tamales y atole $40.
1 Quetzal= 2.45 pesos
Ya con los Quetzales guardados  tomamos un taxi colectivo hacia Ciudad Hidalgo lugar donde se ubica el paso fronterizo con Guatemala. Bajando del taxi te abordan triciclos que ofrecen llevarte a la frontera, la distancia no es mucha pero ellos insisten en llevarte porque según está muy lejos, preferimos caminar.
Primero pasamos por migración, nos sellaron el pasaporte por parte de la autoridad mexicana. Siguiendo las flechas llegamos a un puente donde se paga peaje, 2 pesos por persona y 3 por triciclo si es que llevas. Al atravesar el puente vimos algo impresionante, decenas de personas sobre plataformas flotantes tipo lanchas atravesando hacia ambos lados, Así pasan aquellos que no tienen pasaporte. Les cobran 10 quetzales por cruzar.
Finalizando el puente ya estamos en Guatemala, en la frontera llamada Tecun Uman pero localmente le dicen ticuman. Y aquí es donde empieza la parte más interesante de la comunicación intercultural, pues aun hablando el mismo idioma es difícil entendernos por los modismos y diferentes tipos de pronunciación.  Nos sellaron el pasaporte no sin antes llenar un formato migratorio. Y listo bienvenidas a Guatemala.
Durante el trayecto nos encontramos a un sinfín de personas con un fajo enorme de billetes en la mano ofreciendo cambiarte 41 quetzales por 100 pesos. No existen casas de cambio establecidas. Si quieres quetzales y no cambiaste en México debes hacer trato con ellos. Aquí fue donde nos desprendimos del ultimo billete mexicano que nos quedaba.
Ya del lado de Guatemala otra vez los triciclos esperan que los abordes para llevarte a la terminal, de nuevo decidimos caminar y la maleta parecía pesar más pero no era más peso sino más distancia. Llegamos a la terminal de los pullman, el camión que a partir de aquí se llama bus, tardaba 40 minutos en salir hacia Guatemala, decidimos ir a comer y nos recomendaron un comedor que es como llaman a los establecimientos de comida, nos cobraron 12 quetzales por 1 tiempo de comida que incluía tortillas, agua y el guisado, elegimos el caldo de pollo pero fue más una sopa con una pieza de carne.
Luego fuimos a cancelar el boleto del bus con aire condicionado a Guatemala centro, cosa que me pareció extraña yo quería comprar el boleto pero me decían que lo cancelaban luego entendimos que eso significa pagarlo, 90 quetzales cada una.
La hora de salida no fue exacta, se atrasó media hora, según era directo pero resulto hacer paradas en varias estaciones de la compañía que elegimos, el chofer fue levantando gente a pie de carretera, lo que se supone no debía ocurrir pues casi en cada estación se subían a contarnos y nos pedían el boleto. Pasadas 5 horas ya estábamos en Guatemala, pero no en el centro, la ciudad de Guatemala se divide en zonas y el bus llego a la zona 10 y la casa del amigo donde nos quedaríamos estaba lejos de ahí. No teníamos red, la itinerancia de datos no funcionó, tampoco el roaming, no podíamos pedir Uber como mi amigo nos recomendó. Así que nos dispusimos a subir al transporte público. Después de preguntar a varias personas se nos mandó a una ruta que después nos enteramos no es tan confiable unos autobuses rojos muy viejos de los cuales una señora muy amable nos salvó, ella se dispuso a mostrarnos el camino hasta el metro, y fue tan linda que incluso nos llevó hasta el lugar donde debíamos transbordar. Nos quedamos inmensamente agradecidas por las atenciones que tuvo con nosotras.
El metro nos costó un Quetzal por cada una. Cuando llegamos a la estación acueducto caminamos para llegar al lugar donde teníamos que esperar un bus que nos dejara cerca de la casa de mi amigo. La verdad pasaron muchos buses pero no tenían letreros y los cobradores gritaban los nombres de los lugares pero no entendíamos y ni para preguntar pues para subirse la gente abordaba el camión en movimiento y parecían tener una prisa infinita. Luego entendimos que hacen eso como estrategia para ganar más pasaje,  te apresuran tanto que no te dan tiempo ni de voltear a ver si viene otro más vacío.
En la parada habíamos como 20 personas y les preguntamos a varios pero nos daban indicaciones contrariadas entonces de la nada y sin aviso comenzó a llover todos desaparecieron no supimos ni a donde y tuvimos que ocupar el poncho más rápido de lo que creímos.
Ahí estábamos esperando un bus desconocido, en medio de una lluvia intensa, con la incertidumbre del lugar de destino pero contentas porque la aventura esta en todos lados. Que mezcolanza.
Después de un rato bajo la lluvia comenzamos a parar a todo camión que pasaba ya estabamos cansadas y comenzábamos a desesperar. Por fortuna entre una de tantas preguntas que hicimos aprendimos que el lugar al que íbamos le nombraban la cuchilla y así preguntamos hasta que encontramos el que necesitábamos. Subir al bus fue otra aventura que describiré más adelante.
Después de 40 minutos por fin estábamos llegando a casa de nuestro amigo José Luis, él nos dio muchos consejos acerca de su país y nos mostró todo lo que podíamos visitar, existe una gama impresionante de actividades por realizar de las que no teníamos ni idea. El tiempo que le habíamos pensado dedicar a Guatemala era corto en comparación con lo que nos ofrecía…

viernes, 17 de agosto de 2018

Presentación

Nací en México pero me considero ciudadana del universo, amo la fotografía, los deportes extremos, los paisajes espectaculares, los sabores nuevos, la comida deliciosa, conocer gente excepcional, los idiomas que no entiendo y sobre todo VIAJAR.

Me acompaña en este camino Mariana, una mujer increíble con la que he compartido mi vida e innumerables viajes durante los últimos 8 años.

Hoy estamos en el viaje más largo que hayamos emprendido jamás, queremos llegar a Argentina y para lograrlo atravesaremos por todos los países de Centroamérica y varios de Sudamérica. Esta es nuestra historia y te invitamos a acompañarnos en este viaje hacia el FIN DEL MUNDO.