Y entonces un día cierras la puerta de casa.
Sabes que no volveras pronto. La nostalgia te invade y la duda se apodera de ti
un momento. Cuestionas si tus decisiones fueron bien tomadas o pertenecen al tiempo
correcto. Pero dejas de pensar en ello cuando recuerdas que es tu sueño y que has
trabajado bastante para llegar hasta este punto. Asi que dejas ese momento, avanzas
y no miras atras.
Pronto te encuentras en camino hacia la
terminal y una sonrisa horriblemente gigante se apodera de tu rostro, de tu
piel, de toda tu alma. Por fin esta comenzando. Has dado el primer paso, ya
nada será igual.
En el camino.
Entre todo el ajetreo
y últimos detalles se nos olvidó que en México es temporada vacacional y cuando
llegamos a la terminal no había más boletos. Teníamos todo listo y las ganas de
partir bien puestas pero no pudimos salir esa noche. Fue entonces que nos dimos
cuenta que las anécdotas e historias de viaje están ahí esperándote incluso
antes de verte zarpar. Se nos fue
el camión.
Al día siguiente nos
preparamos y despedimos nuevamente, pero esta vez con boleto en mano. Después de 541
pesos, 17 horas de camino y más de 1000 kilómetros llegamos a Tapachula
Chiapas. Bajamos del autobús, sin
embargo el sudor no se detuvo, caminábamos hacia el centro en busca de comida y a Mariana le ofrecían
explicaciones en inglés, esto que sucede es muy divertido (más para mi), le hablan en inglés, ella
responde en español pero le siguen hablando en inglés, la culpa es del color de ojos, la
tez de su piel y su pinta de
extranjera hasta en su propio país.
Ya con el estómago
lleno emprendimos hacia al siguiente transporte. El que nos llevaría a casa de Julián,
nuestro amigo de Couchsurfing. Fue muy agradable y divertido conocerlo,
platicamos y platicamos hasta que nos dio hambre, para la cena fuimos con una
familia salvadoreña y además de quesadillas gigantes vendían unos plátanos
machos fritos que acompañaban con queso y frijoles por 10 pesos.
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| El es Julián. |
Cruzar la frontera.
Despertamos temprano y
llego el momento de despedirnos de Julián ahí entendimos que un día nunca es
suficiente para echar chisme viajero.
Llegamos de nuevo al
centro de Tapachula en busca de una casa de cambio pero era muy temprano, cargábamos
las maletas mientras desayunábamos unos tamales y atole $40.
Ya con los Quetzales
guardados tomamos un taxi colectivo hacia Ciudad Hidalgo lugar donde se
ubica el paso fronterizo con Guatemala. Bajando del taxi te abordan triciclos
que ofrecen llevarte a la frontera, la distancia no es mucha pero ellos
insisten en llevarte porque según está muy lejos, preferimos caminar.
Primero pasamos por
migración, nos sellaron el pasaporte por parte de la autoridad mexicana.
Siguiendo las flechas llegamos a un puente donde se paga peaje, 2 pesos por
persona y 3 por triciclo si es que llevas. Al atravesar el puente vimos algo
impresionante, decenas de personas sobre plataformas flotantes tipo lanchas atravesando
hacia ambos lados, Así pasan aquellos que no tienen pasaporte. Les cobran 10
quetzales por cruzar.
Finalizando el puente
ya estamos en Guatemala, en la frontera llamada Tecun Uman pero localmente le dicen ticuman. Y aquí
es donde empieza la parte más interesante de la comunicación intercultural,
pues aun hablando el mismo idioma es difícil entendernos por los modismos y
diferentes tipos de pronunciación. Nos sellaron el pasaporte no sin antes
llenar un formato migratorio. Y listo bienvenidas a Guatemala.
Ya del lado de
Guatemala otra vez los triciclos esperan que los abordes para llevarte a la
terminal, de nuevo decidimos caminar y la maleta parecía pesar más pero no era
más peso sino más distancia. Llegamos a la terminal de los pullman, el camión
que a partir de aquí se llama bus, tardaba 40 minutos en salir hacia Guatemala,
decidimos ir a comer y nos recomendaron un comedor que es como llaman a los
establecimientos de comida, nos cobraron 12 quetzales por 1 tiempo de comida
que incluía tortillas, agua y el guisado, elegimos el caldo de pollo pero fue más una sopa con una pieza
de carne.
Luego fuimos a
cancelar el boleto del bus con aire condicionado a Guatemala centro, cosa que
me pareció extraña yo quería comprar el boleto pero me decían que lo cancelaban
luego entendimos que eso significa pagarlo, 90 quetzales cada una.
La hora de salida no
fue exacta, se atrasó media hora, según era directo pero resulto hacer paradas
en varias estaciones de la compañía que elegimos, el chofer fue levantando
gente a pie de carretera, lo que se supone no debía ocurrir pues casi en cada estación
se subían a contarnos y nos pedían el boleto. Pasadas 5 horas ya estábamos en Guatemala,
pero no en el centro, la ciudad de Guatemala se divide en zonas y el bus llego
a la zona 10 y la casa del amigo donde nos quedaríamos estaba lejos de ahí. No teníamos
red, la itinerancia de datos no funcionó, tampoco el roaming, no podíamos pedir
Uber como mi amigo nos recomendó. Así que nos dispusimos a subir al transporte
público. Después de preguntar a varias personas se nos mandó a una ruta que después
nos enteramos no es tan confiable unos autobuses rojos muy viejos de los cuales
una señora muy amable nos salvó, ella se dispuso a mostrarnos el camino hasta
el metro, y fue tan linda que incluso nos llevó hasta el lugar donde debíamos
transbordar. Nos quedamos inmensamente agradecidas por las atenciones que tuvo
con nosotras.
El metro nos costó un
Quetzal por cada una. Cuando llegamos a la estación acueducto caminamos para
llegar al lugar donde teníamos que esperar un bus que nos dejara cerca de la
casa de mi amigo. La verdad pasaron muchos buses pero no tenían letreros y los
cobradores gritaban los nombres de los lugares pero no entendíamos y ni para
preguntar pues para subirse la gente abordaba el camión en movimiento y parecían
tener una prisa infinita. Luego entendimos que hacen eso como estrategia para
ganar más pasaje, te apresuran tanto que no te dan tiempo ni de voltear a
ver si viene otro más vacío.
Ahí estábamos
esperando un bus desconocido, en medio de una lluvia intensa, con la
incertidumbre del lugar de destino pero contentas porque la aventura esta en todos lados. Que mezcolanza.
Después de un rato
bajo la lluvia comenzamos a parar a todo camión que pasaba ya estabamos
cansadas y comenzábamos a desesperar. Por fortuna entre una de tantas preguntas
que hicimos aprendimos que el lugar al que íbamos le nombraban la cuchilla y así
preguntamos
hasta que encontramos el que necesitábamos. Subir al bus fue otra aventura que describiré
más adelante.
Después de 40 minutos
por fin estábamos llegando a casa de nuestro amigo José Luis, él nos dio muchos
consejos acerca de su país y nos mostró todo lo que podíamos visitar, existe
una gama impresionante de actividades por realizar de las que no teníamos ni
idea. El tiempo que le habíamos pensado dedicar a Guatemala era corto en
comparación con lo que nos ofrecía…



