Volcán Lamatepec
Santa Ana
El Salvador
Agosto 2018
Como ya he mencionado antes llegamos a este punto para ir a conocer un famoso volcán que ningún viajero recorriendo El Salvador debería perderse, las razones son muy sencillas, el ascenso es fácil, le inviertes poco tiempo a la caminata, el pago es accesible y por si fuera poco la vista que tendrás del lugar es espeluznantemente hermosa.
Su nombre es el VOLCÁN LAMATEPEC y a continuación te contaremos los detalles de esta aventura.
Antes de que amaneciera tomamos un bus ($1.00) que nos llevó al “Congo” eran las 6.30 am pero ya era muy tarde pues el bus hacia cerro verde se fue a las 6, el siguiente
saldría 8:30 así que teníamos 2 horas para aburrirnos, desayunar, encargar el almuerzo,
platicar y seguir aburriéndonos.
Nos dispusimos a desayunar unas deliciosas pupusas (4x1
dólar) y las acompañamos con un rico café Salvadoreño, además de una orden
para llevar y comer cuando estuviéramos en
la cima, por todas las pupusas que comimos más las que pedimos para
llevar y los cafés, gastamos en total $4.75 por la cuenta de los tres.
Salimos de la pupuseria y nos dispusimos a esperar pacientemente
que pasara el bus, en esa larga espera vimos cómo iban llegando los vendedores
que abordan los buses y los productos que llevaban eran tan variados que me
daban ganas de documentarlo sacando muchas fotos pero cuando lo intente nuestro
amigo Bayron nos dijo que no era una buena idea sacar el celular en esa zona
así que lo guarde de inmediato, también nos dio uno de los tantos consejos que
nos serían muy útiles por el resto del camino, nos recomendó mientras atravesábamos
Centroamérica llevar el celular debajo del resorte del pantalón a la altura del
ombligo como precaución ya que los buses se llenan demasiado y de llevarlos en
el bolsillo podrían retirarlo sin que nos diéramos cuenta.
Mientras seguíamos esperando vimos como varios
excursionistas llegaban al mismo lugar y preguntaban por el bus
a cerro verde, llevábamos mas de 2 horas esperando eran casi las 9.30 cuando por fin llego el bus y todos
nos acercamos para poder alcanzar lugar pero solo unos cuantos que corrieron y se aventaron lo
consiguieron, para cuando nosotras subimos ya no había espacios disponibles, no
importo que fuéramos de los primeros esperando el bus.
Ya arriba vimos que éramos muchos excursionistas a bordo y
los habíamos en distintas presentaciones, los había de diferentes colores de
piel, tamaños, idiomas y nacionalidades, era muy divertido vernos a todos ahí
reunidos desde distintas partes del mundo con un mismo objetivo, conocer un
poco más de nuestro planeta.
En el camino hacia el volcán pudimos observar el Lago Coatepeque,
es muy lindo y bien merecía una parada para tomar fotos pero eso resulta
difícil cuando vas en trasporte público así que abandonamos la idea y
disfrutamos el paisaje desde el bus. Pronto llegamos al “Tibet” la parada que
Bayron recomienda a toda la gente que va al volcán, pues de seguir abordo el
bus te lleva a un centro de visitantes donde te cobran una entrada adicional
además que desde allá te regresaran caminando hasta el Tibet de nuevo que es de
donde empieza el verdadero recorrido. Cuando llegamos estábamos bajando notamos
que nadie más se había parado, lo que nos pareció extraño pero es que pocos
saben este pequeño truco para economizar el bolsillo y en energía.
Pero como para Mariana no existen barreras por el idioma
ella les dijo a todos como pudo que ese era el lugar para bajarse e ir al
volcán, solo una pareja le hizo caso sin embargo cuando estaban a punto de
bajar otro extranjero los detuvo y todos ellos continuaron con el recorrido del
bus.
Caminamos hasta la caseta donde te registras y pagas la
entrada 6 dólares para extranjeros y 3 para nacionales, justo esos días eran de
asueto para el país así que había un montón de gente esperando que dieran luz
verde y abrieran el paso, resulta que todos los días a eso de las 11 am sube un
guardia y un guía con el grupo de gente que se reúne, a ellos también se les da
un pago como propina es un dólar aproximadamente cada uno pero como nuestro
guía fue nuestro amigo no hubo necesidad de pagar más, además como en ese lugar
ya conocían a Bayron porque seguido lleva gente no necesitamos esperar a que
diera la hora sino que nos dejaron pasar antes y fue genial pues pudimos acceder
al mirador para el lago sin tener que hacer fila, teníamos el camino para
nosotros solos o al menos eso pensábamos pues luego encontramos más gente ya en
la cima y también algunas personas que comenzaron a subir después que nosotras
pero como llevaban muy buen paso nos alcanzaron, tal fue el caso de 2 varones
con una hielera en el hombro que pasaron casi corriendo ellos eran los
vendedores de paletas de hielo.
El tramo final del ascenso ya no tenía solo una ruta marcada
sino que más bien el camino se abría paso como si fuesen ramas de un árbol,
pronto se habían llenado los múltiples caminos de gente ansiosa por alcanzar la
cima, ese último momento era como si todos estuviéramos compitiendo por llegar
primero pero el camino no se acababa, comencé a sentir que era infinito aunque
tal vez era solo la sensación de que la cima se alejaba a medida que mis pasos
avanzaban conjugada con la ansiedad de poder ver con mis propios ojos el color
verde que ese cráter prometía.
Después de aproximadamente 50 minutos de ansiosa caminata llegamos al cima, la vista no se comparaba con nada que hubiésemos visto antes y el lugar inspiraba una tranquilidad casi poética. Después de quedar anonadadas con el paisaje nos tomamos tantas fotos como el clima nos permitió, caminamos y caminamos por el cráter en busca de nuevos ángulos pero la verdad es que de donde decidieras tomar la foto saldría espectacular.
En esa caminata
nos alejamos de donde la gente suele aglomerarse y encontramos un lindo lugar
para comer pero yo insistí en que comiéramos ahí cerquita de la orilla donde
pudiéramos seguir contemplando el espectáculo y así lo hicimos, Bayron saco una
toallita que puso como mantel y sobre
esta colocamos las pupusas y algunas semillas y frutas que llevábamos para
compartir, ahora que lo escribo es como si lo estuviese viviendo de nuevo y
fuera a disfrutar otra vez de ese rico sabor de El Salvador, pero despierto y
descubro que ahora son solo buenos recuerdos del viaje que decidí emprender por
un trocito de nuestro planeta y veo en retrospectiva este viaje que me llevo a
lugares increíbles y me ayudo a conocer gente maravillosa. Hoy me encuentro a
miles de kilómetros de ese lugar pero un pedacito de mi corazón se quedó ahí y
ahora es parte de ese verde esmeralda del que me enamore.
Después de comer nos saludaron un par de chicos que habían
llegado hasta donde nosotros estábamos pero ya no se podía continuar la
caminata más allá pues ahora la neblina gobernaba el paisaje era peligroso
intentar continuar, Bayron se acercó con los chicos y platicando con ellos
resulto que ambos eran parte de la comunidad de Couchsurfing pero la plática no
pudo continuar pues comenzó a llover muy fuerte por lo que levantamos todo
súper rápido y comenzamos el descenso lo más pronto que pudimos, cuando íbamos
bajando nos dimos cuenta que había mucha gente arriba pero no la alcanzábamos a
ver por la cantidad de neblina que había además de que mucha gente seguía
subiendo incluidos los excursionistas extranjeros que Mariana quiso bajar del
bus y que no se dejaron, ellos apenas llegaban a la cima cuando nosotros ya
íbamos de regreso, se nos quedaron viendo mucho tiempo pero no nos dijeron
nada, Mariana los saludo y se despidió con una sonrisa pero a ellos no pareció
agradarles, toda esa escena nos causo mucha gracia al menos a nosotras.
Hay algo que aún no he mencionado y que es muy triste, la
gente tira su basura en cualquier lugar y entonces en El Salvador es muy común
encontrar los caminos llenos de basura, por fortuna existe gente muy linda,
respetuosa y en armonía con su entorno que marca la diferencia que todos
deberíamos hacer, Bayron llevaba una bolsa grande para cubrir su maleta si es
que llovía pero termino ocupándola para ir recolectando toda la basura que
encontraba a su paso, lo hizo de subida y de bajada, termino con la bolsa llena
y nosotras no alcanzábamos a comprender porque la gente no guarda su basura
pero al mismo tiempo estábamos muy contentas de haber conocido a alguien que
pone de su parte en lugar de solo quejarse. Fue una gran lección.
Para cuando llegamos de nuevo a la
caseta de cobro los 2 chicos que habíamos encontrado en la cima nos ofrecieron
un aventón al Congo pero antes querían pasar a ver el lago que quedaba en el
camino, lo que nos pareció genial pues así podríamos conocerlo nosotras
también, llegamos a un restaurant mirador y probamos la cerveza típica del país
con una linda vista, no obstante el dueño del lugar que se hace llamar “El
Chaman” nos recibió a Mariana y a mí con un rico masaje con una especie de aparato terapéutico que
lleva directamente a tu mesa, luego nos llevó una especie de arcilla hecha por
el mismo con ingredientes del entorno y minerales del lago así que nos hizo una
mascarilla, todo fue cortesía por ser amigas de su amigo Bayron.
Ya ahí en el restaurant nos
enteramos que desde hace no muchos años ese lago presenta un fenómeno a cíclico (no se sabe cuándo vuelve a ocurrir), su color natural es verdoso pero dicen
que una vez al año se pinta de color azul turquesa, un fenómeno digno de ver,
pero ese día era verde, así que dejamos de pensar en lo que no estábamos viendo
y agradecimos por lo que si teníamos, brindamos por el placer de coincidir y nos
despedimos del Chaman. Los chicos nos llevaron el tramo que faltaba para llegar
al Congo y ahí nos despedimos de ellos también.
Esperamos nuestro bus ($0.80) y
pronto estábamos de regreso en casa de nuestro amigo.






































