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sábado, 6 de octubre de 2018

Pacaya el Volcán Activo

Piedras derretidas de color fuego y saltando como si fuese una olla haciendo hervor. La historia del magnífico pero breve espectáculo que nos regalo el universo.

Hacer este tour desde Antigua cuesta Q90 por el transporte redondo, y llegando al Volcán hay que pagar una entrada de Q50. Decidimos hacer el traslado por nuestra cuenta pues si algo me quedo muy claro es que en Guatemala siempre puedes hacer los trayectos por un precio mucho más económico, investigamos en internet y nos dimos una idea de cómo llegar. Desde la terminal abordamos un bus que nos bajaría en la desviación hacia San Vicente Q20, nos bajamos en el km 36.5 y esperamos al siguiente bus que nos llevaría hacia el comienzo del sendero por Q5, antes de bajar vimos una entrada alterna bien señalizada y mucha gente era el sendero La Corona, pero nosotras fuimos hasta la entrada del centro de visitantes. Fue ahí donde nos enteramos que se cobraba la entrada y a pesar de que no íbamos preparadas para ese impuesto nos la arreglamos.
Eran casi las 5 de la tarde cuando bajamos del bus, pasamos por provisiones a una tienda, cancelamos la entrada y comenzamos la caminata. Se ocultó el sol, sacamos las lámparas y en el camino encontramos 2 cachorros que nos acompañaron durante todo el camino, nos detuvimos a tomar unas cuantas fotos antes de que cayera la noche por completo y continuamos la caminata ya llevábamos caminando aproximadamente 50 minutos cuando de repente el universo nos dio un regalo que jamás olvidaré: el cráter haciendo pequeñas erupciones estaba escupiendo lava, fue algo semejante a ver pequeñas piedras rojizas lanzadas hacia el cielo que se hacían acompañar de una estela de luz naranja que terminaba por iluminar la inquebrantable oscuridad para luego formar parte de un rio de lava que corría por un lateral del volcán. Un espectáculo que llevare guardado en el corazón por siempre.

Bajamos las maletas debajo de un techo de aluminio, me arme con la cámara y subimos por 15 minutos más hasta que estuvimos frente a la majestuosidad del Volcán, solo había un inconveniente, los rayos distantes en el cielo parecían acercarse cada vez más así que le pedí a Mariana que regresáramos de inmediato pero antes quería una foto, se la tome y en menos de 2 minutos había desaparecido la lava por el cielo nublado.

Cuando íbamos de bajada hubo un espacio donde no supimos que sendero tomar estábamos ante 3 caminos muy similares, elegimos el de en medio pero no era el correcto, lo volvimos a intentar 2 veces más y nada, las nubes y los truenos estaban más y más cerca Mariana empezaba a tener mucho frio y yo temblaba pero no sabía si era de nervios, frio, miedo o todo junto, ya comenzábamos a alterarnos por el hecho de estar extraviadas más de 20 minutos por lo que llegamos a la parte difícil: mantener la calma.
Fue entonces que recordé haber leído que teníamos que regresar al último punto con señalamiento hacia el centro de visitantes y seguir los letreros, eso hicimos y caminábamos hacia allá cuando la neblina se intensifico aun más, no podíamos ver ni 2 metros adelante pero encontramos el sendero, el camino era bueno pero de arena volcánica tan suelta que hasta parecía íbamos esquiando y por la velocidad que llevábamos podíamos resbalar fácilmente así que le dije a Mariana que se apoyara de mi pero antes de que ella pudiera hacerlo resbale y caí sentada, ella comenzó a carcajearse inmediatamente, yo por supuesto me levante más rápido de lo que cayo mi vergüenza, después de salir de esa cascada de arena comenzamos a correr para llegar más rápido, después de las risas y sobre el camino correcto la situación comenzaba a relajarse y pronto estábamos de nuevo bajo el techo donde habíamos dejamos las cosas. Estábamos sumamente agradecidas con el universo y parecía que el cielo estaba esperando a que nos resguardáramos para comenzar la tormenta, pero la aventura aun no terminaba.
Tendimos la carpa y los cachorros se acostaron cerca, cenamos un atún preparado desde el empaque sobre unas tortillas hechas a mano, pero frías, en otro momento Mariana no hubiese aprobado aquel platillo porque no le gusta comer las cosas frías pero ese día nos supo a gloria.
Era temprano aún y decidimos hacer una noche de cine en tamaño pantalla de celular, le tocó a ella elegir la película, pero ni media hora había pasado cuando me di cuenta de que había sido una pésima idea, escogió algo que tenía que ver con desastres naturales y como si fuera poco lo miedosa que soy estaba acostada a escasos metros de un volcán activo: mala combinación. Aunque lo loco vino después, estábamos viendo la peli cuando nuestros guardianes comenzaron a ladrar y se escuchó algo que asemeje a pasos alrededor de la carpa yo por supuesto moría de miedo se supone que no había nadie más acampando, así que cancele la película para escuchar mejor lo que sucedía fuera y creí que ambas platicaríamos al respecto y podríamos encontrar una solución pero Mariana como si nada estuviese pasando se acomodó dentro de su sleeping y comenzó a roncar. Esa noche yo no descanse, imagina la casa de campaña iluminándose con cada rayo, acampando cerca de un volcán escupe fuego, el cielo crujiendo con cada trueno y de vez en cuando despertar creyendo que el sonido estruendoso del cielo es realmente del cráter que podía estar haciendo erupción, jaja ahora que lo escribo es gracioso pero esa noche no fue la mejor para mi pues la imaginación y la mente son cosas poderosas.
Temprano antes de que el sol saliera me levante con la ilusión de volver a ver el cono del cráter y poderle tomar la foto que imagine y no conseguí, pero lo único que encontré fue una neblina infinita y la causa de los ladridos de los perros... Un mapache andaba rondando el campamento y nuestros amigos caninos dedicaron la noche a alejarlo (ojalá alguien me hubiese explicado).
Río de Lava.
Foto Panorámica del Volcán.
Río de Lava Petrificada.
Para cuando amaneció salimos a caminar por las faldas del volcán atravesamos una cascada de lava petrificada y tuvimos la posibilidad de quemar bombones en un río de lava, pero no llevábamos, jaja.

El clima durante esta caminata es muy variado, puede estar haciendo mucho sol, luego nublarse o tal vez llover, pero lo que no nos faltó en esta visita fue la intensa neblina que a veces nos hacia detenernos incluso de día. Escuchábamos un ruido curioso que parecía provenir del cráter, era como si crujiera. Y hasta sentía las plantas de mis pies muy calientes y no podía dejar de pensar en las botas que mi amigo José hecho a perder en su visita a este mismo lugar y no quería perder mis tenis así que preferí apresurarme.
Después de tomar unos cuantos videos y andar explorando durante largo rato por la zona, regresamos a levantar el campamento antes de que se hiciera más tarde. En el camino de regreso encontramos mucha gente que sube en caballo y otros más caminando que no aceptaron el servicio de transporte, pero aun con eso los dueños de los caballos los hacen caminar detrás de los visitantes por si cambiaran de opinión, pero cuentan que también cambia el precio y en lugar de bajar aumenta.
Nos marchamos de Pacaya contentas y agradecidas por los paisajes inigualables que pudimos ver. De hecho, Mariana y yo coincidimos en que fue lo más espectacular que vimos en Guatemala. Universo Gracias de nuevo.
El bus que nos sacaría a la carretera principal Q5 pasó muy rápido pronto estábamos esperando el que grita sin cesar Guate guate guate guate guaaaaate! Q10. Mientras llegaba compramos una bolsa de fruta pelada por Q5 yo elegí papaya, pero lo asombroso es que era casi una fruta entera dentro de la bolsa. Ya en el camino de regreso nos detuvimos a comer y probamos algunos tacos de guisados y un pan francés relleno que no nos encantó, pero teníamos hambre. Tomamos el ultimo bus Q20 y llegamos a casa de nuestro amigo José. Él y su esposa estaban contentos de vernos y nosotras a ellos, les contamos nuestra travesía y las locas aventuras por su país, nos compartieron algunas canciones y videos de música regional muy divertidos, entendimos porque José nos dijo que le habíamos dedicado muy poco tiempo a este país, más tarde nos arrepentiríamos de no habernos quedado más tiempo y comprenderíamos que un viaje de mochila como el que acabábamos de emprender difícilmente se lleva de la mano con los itinerarios fijos y apresurados. La pareja nos recomendó no visitar Venezuela ellos son de esa nacionalidad y nos contaron como están las cosas para el turista y lo que batallan las familias que han decidido quedarse allá. Y entonces Venezuela y su impresionante cascada el Ángel salieron de nuestros planes.
Después de un sueño super profundo y reparador preparamos la maleta y nos despedimos de nuestro amigo José y su familia.
Partimos hacia El Salvador.
Pero antes de llegar a la frontera una divertida anécdota nos esperaba…

Te invito a leer próximamente la historia de “El Cuarto de nalga de Mariana”…



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